La responsabilidad bajo el agua rara vez se muestra en grandes gestos.
La mayoría de las veces se manifiesta en acciones pequeñas. En aquello que percibimos—y en lo que decidimos no dejar atrás.
La basura bajo el agua no es algo nuevo. Cualquiera que bucee con regularidad la conoce: restos de plástico, líneas de pesca, botellas, envoltorios. Cosas que claramente no pertenecen allí y que, aun así, están por todas partes. Durante mucho tiempo me pregunté cuál era la actitud correcta ante esto. ¿Ignorarlo? ¿Molestarse? ¿O actuar?
Para mí, la respuesta es clara desde hace tiempo: me llevo lo que puedo retirar de forma segura.
La bolsa de red forma parte de mi equipo
Cuando buceo, casi siempre llevo conmigo mi bolsa de red de BlueOceans. No porque busque basura activamente o quiera convertir cada inmersión en una limpieza, sino porque quiero estar preparado. Si encuentro un residuo bajo el agua, simplemente lo recojo y lo saco.
No se trata de heroísmo ni de grandes acciones. Se trata de conciencia. De notar lo que no pertenece a este entorno. Y de asumir responsabilidad sin perder de vista la inmersión en sí.
La responsabilidad no termina en el agua
Esta actitud no se queda en el punto de entrada. Incluso cuando no estoy buceando, suelo recoger basura durante mis visitas a la playa o a la orilla de un lago. Un trozo de plástico aquí, una lata allí—pequeñas cosas que son fáciles de llevar y que de otro modo se quedarían.
Son detalles, sí. Pero ahí está el punto. Nadie tiene que solucionarlo todo de golpe. Pero todos podemos aportar algo.
No todo se puede retirar fácilmente
Por supuesto, hay límites. Las partículas muy pequeñas, el microplástico o los residuos muy degradados no se pueden recoger “de paso”. Para eso suelen ser necesarios tamices, métodos específicos y acciones de limpieza bien organizadas. Ahí es donde las campañas de limpieza colectivas tienen sentido, cuando muchas manos trabajan juntas.
Para mí es importante ser realista. No toda la basura puede retirarse de forma espontánea y no todas las inmersiones deberían tener como objetivo recoger la mayor cantidad posible. La seguridad, el entorno y el propósito de la inmersión siempre son lo primero.
Cuando la cantidad de basura requiere una acción conjunta
Hay momentos en los que la cantidad de residuos se vuelve especialmente evidente, por ejemplo después de grandes tormentas en el mar o en zonas muy frecuentadas. En esos casos, puede tener sentido pensar en algo más grande.
A veces basta con iniciar una pequeña acción de limpieza y pedir ayuda a través de las redes sociales. A menudo aparecen personas dispuestas a colaborar más rápido de lo que uno imagina. Otra opción es ponerse en contacto con organizaciones que organizan este tipo de actividades de forma regular y cuentan con experiencia.
Para mí, lo más importante es esto: no tiene que ser perfecto. Solo tiene que hacerse.
El valor de los pequeños logros
Sé que, en ocasiones, todo esto puede parecer inútil. La cantidad de basura en nuestros mares y lagos es enorme, y una sola bolsa llena de residuos parece insignificante en comparación. Y aun así, para mí estos momentos son auténticos feel-good moments.
Ver que un trozo de plástico ya no flota en el agua.
Saber que ningún animal podrá quedar atrapado en él.
Sentir que, al menos por un momento, he tenido un pequeño impacto.
Tal vez no cambie el mundo. Pero cambia este lugar—en este momento.
Parte de mi forma de entender el buceo
Recoger basura no es para mí un proyecto independiente ni una obligación. Es parte de mi actitud. Parte de cómo entiendo el buceo: como un invitado en un mundo que me ofrece tanto—calma, fascinación y perspectiva.
Y precisamente por eso quiero devolver algo.
Aunque a veces sea solo un pequeño trozo de basura.





