Antes de una inmersión escucho muy a menudo la misma pregunta:
“¿Aquí hay tortugas?”
O:
“¿Qué posibilidades hay de ver un pulpo?”
A veces son tiburones.
A veces delfines.
A veces caballitos de mar.
Y es completamente normal.
Todos esperamos vivir encuentros especiales.
Yo también.
Pero con los años he empezado a verlo de otra manera.
Entramos en el hogar de los animales
Cuando buceamos, visitamos un mundo que no nos pertenece.
Es el hogar de los peces.
De las tortugas.
De los pulpos.
De las morenas.
Ellos viven allí todos los días.
Nosotros solo somos invitados.
La fauna salvaje no es una atracción
Quizá estamos acostumbrados a planificarlo todo.
Cuando viajamos esperamos ver ciertos lugares.
Monumentos.
Museos.
Restaurantes.
Pero el océano no funciona con horarios.
Una tortuga no tiene una cita con nosotros.
Un pulpo no nos espera detrás de una roca.
Y precisamente eso hace que esos encuentros sean tan especiales.
La decepción muchas veces nace de las expectativas
A veces los buceadores salen del agua diciendo:
“Hoy no vimos nada.”
Y yo suelo preguntarme:
¿De verdad no vieron nada?
¿O simplemente no vieron aquello que esperaban?
Quizá no había tiburones.
Pero sí un pequeño cangrejo.
Quizá no apareció una tortuga.
Pero sí un enorme banco de barracudas.
O simplemente una inmersión llena de luz, calma y silencio.
Cada encuentro es un regalo
Creo que así deberíamos entender la vida marina.
No como algo que nos pertenece.
Ni como algo garantizado.
Sino como un regalo.
Algo que puede ocurrir.
Pero que no tiene por qué ocurrir.
Eso es precisamente lo que lo hace especial
Imagina que en cada inmersión vieras exactamente la misma tortuga.
Con el tiempo dejaría de sorprenderte.
Precisamente porque los encuentros no están garantizados siguen siendo inolvidables.
Todavía recuerdo animales que solo vi durante unos segundos.
No porque permanecieran mucho tiempo.
Sino porque aquel instante fue único.
El respeto empieza por nuestras expectativas
Quizá nuestro comportamiento cambie cuando cambian nuestras expectativas.
Dejamos de perseguir animales.
Dejamos de rodearlos para hacer una fotografía.
Aceptamos que decidan esconderse.
Porque no nos deben absolutamente nada.
Esto conecta perfectamente con “La Foto Perfecta No Vale la Pena si Estresa a un Animal.”
La inmersión siguió siendo maravillosa
Algunas de mis mejores inmersiones apenas tuvieron animales grandes.
Y, aun así, siguen siendo inolvidables.
Porque la luz era perfecta.
Porque el ambiente era tranquilo.
Porque compartí la inmersión con buenos amigos.
O simplemente porque era maravilloso estar bajo el agua.
No todos los recuerdos necesitan un tiburón.
Quizá el océano solo nos debe una cosa
La oportunidad de disfrutarlo con respeto.
Todo lo demás es un regalo.
Y por eso, incluso hoy, cada tortuga, cada pulpo y cada morena siguen emocionándome como la primera vez.
Porque el océano no nos debe ningún encuentro.
Pero, de vez en cuando, decide regalarnos uno.





