Phil Anderegg Scuba Diving Instructor

Por Qué el Buen Buceo No se Mide en Números

“¿Cuántas inmersiones tienes?”
Es una pregunta muy común en el mundo del buceo. A menudo es lo primero que se preguntan los buceadores entre sí. Y sí, registrar inmersiones puede ser motivador, divertido y útil. Pero bajo el agua se hace evidente una verdad muy sencilla: El buen buceo no se puede contar.

Una forma equivocada de medir

Los libros de inmersiones, las certificaciones y las profundidades alcanzadas pueden impresionar. Dan estructura, permiten comparaciones y transmiten sensación de progreso. Pero dicen muy poco sobre cómo bucea realmente una persona.

He visto buceadores con cientos de inmersiones que se movían con nerviosismo, no controlaban bien la flotabilidad o prestaban poca atención a su entorno. Y también he visto principiantes que, con pocas inmersiones, buceaban de forma tranquila, consciente y respetuosa.

La diferencia no estaba en el número, sino en la actitud.

Qué define realmente un buen buceador

Hay aspectos que no aparecen en el logbook, pero que bajo el agua se notan enseguida:

  • respiración tranquila y controlada
  • buena flotabilidad sin tocar el fondo
  • respeto por el entorno y la vida marina
  • atención al compañero
  • calma en situaciones nuevas

Estas cualidades no se consiguen simplemente sumando inmersiones, sino buceando de manera consciente.

Menos presión, más experiencia

Cuando el buceo se convierte en una competición—más profundo, más rápido, más—se pierde a menudo lo que lo hace tan especial: la calma, la presencia y la conexión con el entorno.

Cuando dejamos de compararnos, nuestra forma de bucear cambia.
Cuando bajamos el ritmo, percibimos más.
Y cuando no estamos pendientes del siguiente objetivo, disfrutamos mucho más la inmersión actual.

El buen buceo necesita tiempo y paciencia

El progreso en el buceo no es lineal. Hay momentos en los que todo parece fluir y otros en los que surgen dudas o estancamientos. Eso es completamente normal.

La repetición, la reflexión y pequeños ajustes suelen aportar más que perseguir constantemente nuevas profundidades o certificaciones. A veces, bucear varias veces en el mismo sitio—con más calma y atención—es mucho más valioso que ir siempre más lejos.

Una buena inmersión no es una casilla marcada

No todas las inmersiones tienen que ser espectaculares. No todas tienen que “contar”. Algunas son tranquilas, sencillas, silenciosas. Y muchas veces son precisamente esas las que más recordamos.

Una buena inmersión no es la que se tacha de la lista.
Es la que permanece en la memoria.

Y quizá esa sea la lección más importante:
Menos acumular. Más vivir el buceo.